Redacción / Acapulco. Este lunes, la Central de Abastos de Acapulco colapsó entre el desperdicio de agua potable y el brote de aguas negras. Lo que inició como una falla hidráulica masiva, pronto se convirtió en un foco de infección debido a la acumulación de desechos que taponaron el drenaje, generando olores fétidos y afectando la actividad comercial.

Mientras locatarios denuncian la omisión de las autoridades municipales, la falta de cultura civil también queda en evidencia. La combinación de tuberías obsoletas y alcantarillas obstruidas por basura ha paralizado este punto clave de suministro, dejando a miles de ciudadanos atrapados en el caos vial.

La exigencia es clara: una reparación inmediata de la infraestructura y mayor conciencia social. No podemos permitir que el corazón comercial del puerto siga operando entre el abandono y la suciedad.

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